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Cuando en nombre del amor propio no te permites SENTIR

Sentir dolor.

Cuando en nombre del amor propio, solo en nombre, buscas meterte horas en el gimnasio para ponerte regia, rica y apretadita, ¿qué estás comunicando? ¿qué estás vibrando?

Te aplaudirán y dirán que ¡Qué maravilla¡ que luego de semejante ruptura, te "automejores" así; sin embargo, si observas, si analizas un poco más, verás que quizá, en el fondo de ese "entusiasmo" hay dolor, que no tiene permitido el ingreso al corazón, a un corazón que se niega a sentir que se parte en dos.


Detrás de todo ese "trabajo interno" de esas largas sesiones en el gimnasio, en el nuevo curso, en la nueva maestría, en el viaje por Asia, en las sesiones de coaching, de péndulo hebreo, de Reiki, etc, etc...existe un dolor que espera ser aceptado porque solo en la aceptación llega la lección, solo en la aceptación te abrazas a ti misma y te permites sentir el dolor por la pérdida.


Quizá por fuera se vea como un trabajo de amor propio, pero tú y yo sabemos que el verdadero camino empieza cuando toda esa fachada se derrumba y vuelves a casa, sin gritar a los cuatro vientos que lo estás superando, empiezas a ser tu amiga, a escucharte, a permitirte descansar porque han sido meses difíciles, a permitirte llorar porque es válido extrañar a quien formó parte de tu vida, así es hasta que un día te das cuenta que no hay nada más que hacer que sentir.


Sentir es sanar, al sentir y validar tus sentimientos empiezas a perdonarte y perdonar al otro.


Con amor,


Georgina.



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