¿Por qué meditar en nombre del amor propio?
- Georgina Guzmán

- 30 jun 2020
- 1 Min. de lectura
Meditar en nombre del amor propio es:
Cultivar una relación contigo misma.
Hacerte amiga de todas las partes que conforman tu ser.
Soltar el deseo de "mejorarte", "arreglarte", "resolverte" como si fueses un problema.
Soltar la agresión inconsciente de la auto mejora, la auto crítica y la culpa de "no ser suficiente".
Lo que sucede en tu sitio de meditación, es decir cómo te hablas, cómo te tratas, cómo tratas a tu mente, también sucede fuera, en el mundo exterior.
Fortalecer el compromiso que tienes contigo misma y si no lo tienes, cultivarlo.
Brindarte ternura mediante tu respiración, acariciando cada órgano interno y exhalando bendiciones a tu alrededor.
Conocer cuál es tu diálogo interno.
Conocer qué creencias circulan por tu mente, sin juzgar.
Practicar la aceptación de lo que es.
Meditar después de meses y años puede caer en la rutina, como cualquier relación de amor también necesita de sazón. Según Bob Sharples podemos vivificar nuestra meditación de la siguiente manera:
Enciende un incienso.
Cambia de postura.
Encuentra otro espacio donde sentarte.
Camina antes de meditar.
Trae a tu espacio elementos que inspiren a tu espíritu, puede ser una imagen, velas, oráculos, etc.
Que la meditación sea tu herramienta para abrazar y nutrir tu cuerpo, tu mente y tu espíritu. Cultivar tu amor propio y para quienes te rodean.
Con amor,
Georgina.





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